El esperpento…

El esperpento del palco de La Victoria

Que no se asuste nadie, que no pretendo hablar del género literario atribuido a D. Ramón María del Valle Inclán, autor insigne de la literatura española y máximo exponente del esperpento hasta que llegó a nuestras vidas el sr. Rodríguez, que ha dejado al bueno de D. Ramón en una anécdota.

De todos es conocida la pésima gestión de este señor, llena de torpezas, mentiras y rarezas, pero lo que ocurrió la semana pasada en el campo del Torredonjimeno, rebasa con creces todo lo vivido hasta ahora. Y si no le pareció suficiente y vergonzante lo que allí pasó, se fue a un medio de comunicación nacional de máxima audiencia a hacer el ridículo y, lo que es peor, a dejar en ridículo a una institución centenaria como es el Real Jaén. ¡Caramba!

Tenemos la desgracia de tener a un presidente que no sabe gestionar y que, no contento con eso, se permite echar a jugadores bajo el único criterio de su capricho –porque espero que, como pasaba con Calígula y su caballo, a éste no le esté aconsejando la cabra, aunque a veces lo parece-, sin ni siquiera hacer el intento de tapar, además de las carencias que el equipo tiene desde el primer día, las que él mismo está generando con sus devaneos mentales.

Pero por desgracia para nosotros, no es el único que está haciendo un papelón. Porque ¿qué me dicen del comportamiento del entrenador y del resto de la plantilla? Yo comprendo que el trabajo está muy mal, más aún con la situación epidemiológica que estamos sufriendo, pero por encima del trabajo tiene que haber varias cosas que, en mi opinión, tienen que ser innegociables en un vestuario: la honradez, la integridad y el compañerismo.

¿Ha dicho algo el míster al respecto de lo que aconteció en Torredonjimeno? Nada. ¿Ha dicho algo sobre que el presidente le imponga quién debe o no jugar? Tampoco. ¿Ha dicho algo sobre que le desmantelen una plantilla, ya de por sí de poquito nivel, y que tenga que luchar por mantener la categoría ¡en Tercera División! con cada vez menos jugadores y peores? Ni media palabra. Él sabrá por qué lo hace, pero muchísimos entrenadores –la mayoría, me atrevería a decir-, se hubieran ido a casa a las primeras de cambio. Y que no piense que lo ocurrido le servirá de coartada para justificar un fracaso deportivo, porque él ha sido cómplice y encubridor.

¿Y qué me dicen de los jugadores? Todos callados como puertas, algunos hasta justificando al presidente y sus incumplimientos a lo largo de la temporada, y otros, a lo sumo, buscando huir del barco mientras se hunde. Pero eso sí, todos en silencio y aceptando con rigor cartujo todo lo que está pasando.

Con todo lo narrado hasta aquí ya sería suficiente para que el mortal de los aficionados jiennenses vivamos sobresaltados pero, como a perro flaco todo se vuelven pulgas, reaparece el sr. Membrado, máximo responsable de todo lo que está aconteciendo en el club, de la mano de un empresario almeriense desconocido del que ignoramos sus verdaderas intenciones, su proyecto, si es que lo tiene, y lo más importante, su capacidad financiera.

Y es que, con tanto mesías salvador como hemos visto por Jaén, lo normal es que seamos como Santo Tomás, no Membrado, sino el apóstol, y no creamos hasta que no veamos. Y todo ello con el silencio cómplice del Ayuntamiento de Jaén que, conviene no olvidarlo, es el propietario del mayor paquete accionarial del Real Jaén.

En resumen, que el Real Jaén ha dejado de ser un club de fútbol para convertirse en un manicomio, en el que por desgracia, todos vamos a acabar como una cabra. Y que me perdone la cabra, que parece ser la más cuerda de todos los que pisan las oficinas del club.

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