El purgatorio (II)

En la revista digital The Tactical Room del mes de junio pasado Paco López, el entrenador que junto con su cuerpo técnico y plantilla obró el milagro de la salvación del Levante hacía la siguiente declaración: “…nunca me cansaré de reivindicar al entrenador de esas categorías (Segunda B y Tercera), al entrenador que se forma, que se prepara, no solamente al ex futbolista que ha sido internacional”. Lamentablemente su reivindicación choca con la realidad diametralmente opuesta que pocos días después presentaba as.com: La purga de los técnicos de Segunda B: más del 50% fueron sustituidos. Demoledor.

¿Se imagina estar mañana en el banquillo de algún equipo del grupo IX de Tercera División? Cierre los ojos. Sienta la emoción del que estrena categoría tras el ascenso: Torres con el Torreperogil, Pepelu con el Alhaurín de la Torre, Jorge Garcés con el Poli Almería, Antonio Sánchez con el CD Alhaurino o Fernando Aznar con el River Melilla; los nervios de los debutantes en la categoría: Jaime Morente en el Huetor Vega, Carlos Díaz en el CD Rincón o Ibon Arrieta en Torremolinos; o lo que estrenan puesto: Tello en Vélez, Rafilla en Huetor Tajar; sienta la esperanza de evitar el sufrimiento de la temporada pasada de Jorge Moreno en Atarfe, Padial en Guadix, Juan Carlos Camacho en la UD San Pedro o Perales en Martos; el anhelo por mejorar los resultados de sus equipos de José Manuel García en Motril, Funes en El Palo, Diego Delgado en Loja o Rizos en Marcha Real; o la templanza de Aybar y Chumilla en Antequera y Torredonjimeno; y por supuesto la presión por estar al mando de los que dicen serán los trasatlánticos de este grupo IX de Tercera División: Germán Crespo y Juan Arsenal al frente de Real Jaén y Linares Deportivo respectivamente.

Se ha visto usted en pie en el área técnica, de espaldas a la grada, oyendo el ruido de la afición de fondo, agitando los brazos y mandado mensajes inconexos a sus jugadores: pasa, toca, falta, … Termina el partido y todo son parabienes: “equipazo mister”, “este año nos salimos”, … porque claro usted ha imaginado que ha ganado. Se vio directamente ahí obviando la preparación de la semana de entrenamientos, la búsqueda de información del rival, la preparación del partido, el momento de mirar a la cara a esos que no juegan de inicio o ni siquiera ocupan sitio junto a usted en el banco, obvió todo lo que sucede mientras no se juega que para el entrenador es su todo. Pero ganó … o no. Entonces también obvió la soledad, el silencio, el aire del autobús de regreso a casa que parece más denso mientras su cabeza busca un porqué: entrenamos, preparamos el partido, estaba todo controlado. Todo controlado salvo la incertidumbre del juego -diría yo-. Y mañana vuelta a empezar. Y el próximo domingo gana … o no. Y vuelta a empezar. Hasta que un día el mismo que estrechaba su mano y sonreía en el momento de firmar su contrato le esquiva la mirada. Si entonces no preguntó qué motivación había para su llegada, quizás hoy tampoco debería preguntar qué motiva su marcha. De lo que sí estoy seguro es que más allá de ensoñaciones nadie le explicó lo difícil que resulta ganar. Puede volver a su asiento en la grada, su aventura terminó.

Así será la vida de los veintidós entrenadores que les relate anteriormente mientras los próceres de los clubes del grupo IX de Tercera División así lo deseen. Nada tan frágil y volátil como el proyecto deportivo que sus dirigentes les han entregado -aún somos capaces de pronunciar conjuntados estos dos conceptos sin sonrojarnos-. Mañana veintidós PROFESIONALES tratarán, como Dante en El Purgatorio de La Divina Comedia, de expiar sus pecados a lo largo de cuarenta y dos jornadas -puede que incluso alguna más- para llegar al Paraíso Terrenal. Para muchos de ellos una quimera, para todos una ilusión. Quizás su paraíso ni exista.

Obvie lo evidente, mire más allá. Bienvenido a una nueva temporada, bienvenido el regreso de JaenenJuego

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