No sé si los sufridos seguidores del Real Jaén tendremos otro tipo de enfermedades o de achaques, pero lo que sí tengo claro cada jornada es que tenemos el corazón a prueba de infarto. Y, además, el equipo se ha propuesto ponernos a prueba todos los partidos para evitar que tengamos que ir a la consulta. Si cada semana aguantamos el sufrimiento hasta el minuto 90, es que la cosa va bien.
Y ¡ojo! esto no quiere decir que no esté contento con la racha de victorias que el equipo ha tenido en el mes de octubre, y por supuesto que firmaría ganar todas las semanas de la misma manera. Pero me preocupa que, de seguir así, lleguemos a final de temporada sin aficionados porque estemos todos unos metros más arriba del Estadio de la Victoria.
Es evidente que estamos jugando con fuego, y el que juega con fuego termina quemándose. Hasta ahora siempre nos ha salido cara, pero cualquier día es bueno para que la moneda caiga del otro lado y sea cruz. Y este año la exigencia es tan alta que no bastará el recurso a la mala suerte para justificar un mal resultado. Sólo hay que mirar un poco hacia atrás y ver las reacciones que se sucedieron después del partido frente al Guadix que, por ser el primero y haber tenido en contra a todo el Universo, pasó más desapercibido, el del Rincón, o el empate con el Vélez en los últimos minutos.
Sinceramente creo que, tanto la plantilla como el cuerpo técnico, son conscientes del nivel de exigencia que tienen este año y que será difícil entender por parte de todos y, por este orden, no entrar en play off, no ser primeros y no ascender. Todos sabemos –ellos también- que ese es el objetivo único de esta temporada y, además, que hay equipo para ello. ¿O alguien pone en duda que, al menos sobre el papel, la plantilla del Real Jaén es, como mínimo, la mejor del grupo IX de Tercera División?
Por eso no se entiende la desconexión que durante los partidos sufre el equipo, que nos está costando en muchas ocasiones ir contra corriente. Sé que el rival también juega, que en el fútbol el más tonto hace un reloj y demás perogrulladas que rodean a este deporte. Pero el problema es que esas desapariciones, en la mayoría de los casos, no han sido fruto del buen juego del rival sino por la desidia del equipo, por creernos superiores y sabedores de que al final todo volverá a su orden. La Liga es muy larga y es evidente que se perderán partidos y, además, lo haremos justamente porque el rival será mejor, pero hasta ahora no se ha visto a nadie superior como para sufrir esos cortocircuitos.
Y esto es muy peligroso, sobre todo si enfrente tienes a un buen rival. El partido frente al At. Mancha Real ha sido un claro ejemplo, sobre todo en el primer tiempo. En esos cuarenta y cinco minutos iniciales vimos a un equipo que quería el balón, pero carente en todo momento de profundidad, de velocidad en el toque y de capacidad de sorpresa, ante un equipo que se limitaba a presionar bien la salida del balón y que, en caso de verse superado, se agrupaba defensivamente impidiendo cualquier llegada a su portería, esperando además aprovechar la ocasión que siempre va a llegar. Y así ocurrió. Tuvieron una y la metieron, mientras que el Jaén no vio de cerca al portero rival hasta prácticamente el final del primer tiempo.
En cambio, el segundo tiempo fue otro cantar. Se aumentó la presión, se aumentó la velocidad en el juego y, sobre todo, se aumentaron las llegadas por banda. Tanto Rentero como Choco eran dos puñales que obligaban al rival a replegarse cada vez más en su propia área. Los cambios efectuados por el entrenador pero, en mi opinión, sobre todo el cambio de actitud de los jugadores, consiguieron dar la vuelta otra semana más a un marcador que se había puesto de lo más adverso.
No soy entrenador ni tengo intención de serlo pero la sensación es que el equipo tiene nivel suficiente para salir a apabullar al rival, sobre todo en La Victoria, desde el minuto uno. Por eso se me hace difícil entender que no se haga y que sólo busquemos la reacción cuando vemos las orejas al lobo. La única explicación que le veo es que quieren probarnos a ver hasta donde resiste nuestro corazón, pero, por favor, hay cardiólogos muy buenos para tener que recurrir a estos métodos tan directos. ¡Si ya lo dice el rico refranero español!: “no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”. Pues eso.


