Eduardo Herrera, presidente de la Federación Andaluza de Fútbol durante más de tres décadas, ha presentado su dimisión. Se ha marchado, antes de que lo larguen, dejando más sombras que luces en su gestión…

Hubo que frotarse los ojos para creerlo al leer el tuit de la Real Federación Andaluza de Fútbol anunciando la dimisión de Eduardo Herrera, el mandamás del fútbol andaluz durante treinta y tantos años…demasiados.

La gestión de Herrera deja muchas sombras y, aunque no todo ha sido malo, lo cierto es que solo hay que fijarse en cómo ha “gobernado su cortijo” para sacar conclusiones. Y es que la figura del presidente permanente ha ido cogiendo fuerza con el paso de los años a base de establecer, para empezar, un proceso de elección de lo más curioso, en el que apenas podía tener cabida ningún otro oponente, que los ha tenido, pero a los que se ha cargado con suma facilidad.

Herrera, palmero de Villar durante todo este tiempo, ha mandado a placer, lo ha hecho hasta que su valedor fue dinamitado y procesado. A partir de ahí, empezó su pesadilla. Con el apoyo incondicional de Rubiales, los delegados provinciales reclamaron su sitio en las decisiones, apartados hasta entonces, y se movieron los primeros hilos para acabar con el jefe y su forma unipersonal de llevar el ente federativo.

La unión de la mayoría de los delegados provinciales ha sido decisiva para que Herrera haya tomado las de Villadiego, acosado por una moción de censura en ciernes que le iba a poner de patitas en la calle y por la puerta trasera.

Herrera ha gestionado el fútbol andaluz a su manera, es decir, con aires de grandeza y toma de decisiones que poco o nada han repercutido en mejorar la base del ente, que en realidad son los centenares de clubes con pocos recursos, que han tenido que asumir una “fiscalidad” excesiva para, entre otras cosas, pagar las ocurrencias del ya, ex dirigente.

Corren nuevos tiempos para la Andaluza, el nuevo presidente tiene mucho trabajo por delante. Una de sus primeras medidas es contar en las decisiones con los delegados provinciales y es que la casa se empieza por los cimientos. No es mala señal…estaremos atentos.

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